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el S. XII, no figura Noreña como nombre de
lugar, hecho que podría significar que el nombre del río Noreña, más antiguo que el de
la villa, fue aplicado a ésta en tiempos posteriores ya que si existen documentos escritos
que hacen referencia al río Noreña ya en el S. X.
No será hasta el S.XII cuando aparece esta como lugar poblado en una donación de Gonzalo
Peláez y su mujer Elvira Pérez al Monasterio de S. Vicente de Oviedo pero también los
documentos de esta época parecen indicar que se hallaba enclavada en el territorio o
jurisdicción de Siero.
Según la obra de Trelles, "Asturias Ilustrada" el origen de la jurisdicción de Noreña
se encuentra en "la era del 1027 (año989).", y se afirma que el primer señor de Noreña
fue Diego Álvarez de las Asturias, casado con Jimena, hija de Alfonso V de León, el cual
dio como dote a su hija el señorío de Noreña. De este matrimonio, según esta historia,
nació una hija llamada también Jimena que dicen "casó con el esforzado D. Rodrigo Díaz
el Castellano a quién vulgarmente llamamos Cid". La verdad es que esta versión es la más
popularmente aceptada por los noreñenses.
Sin embargo los estudios más actuales establecen que el origen del enclave señorial
(con jurisdicción independiente) estuvo vinculado al linaje de Rodrigo Álvarez de
Asturias (S.XIII - XIV). Los genealogistas desde el S XVII suelen mencionar como señor
de estas villa y términos al padre de Rodrigo, Pedro Álvarez de las Asturias, mayordomo
mayor del rey Sancho IV, pero lo cierto es que no existe ningún documento en que conste
que don Pedro tuvo semejante señorío, por lo que compartiendo los estudios de Juan Uría
Ríu el primer señor de Noreña fue su hijo Rodrigo, quién dejaría en herencia el Solar de
Noreña a Enrique II, Conde de Trastámara y futuro Rey de Castilla, (hijo ilegítimo de
Alfonso XI).
Será su hijo, D. Alfonso Enríquez, el que obstente por vez primera el Titulo de Conde
de Noreña, pero tras sucesivas rebeliones contra su padre y contra su hermano Juan I,
será derrotado militarmente, reincorporándose Noreña a la Corona.
Juan I en 1383, concede "la casa de Noreña con su aldea e sennorio" al obispo de Oviedo D.
Gutiérre de Toledo en pago a su apoyo a la causa del Rey y su oposición al Conde.
El privilegio a favor de la Mitra e Iglesia de Oviedo fue otorgado en las Cortes de
Segovia "a vente de septiembre Era de mil cuatrocientos y veinte y uno, qu es año de mil
trescientos y ochenta y tres." y durara hasta mediados del S.XX, ostentando los obispos
el Titulo de Condes de Noreña. En la obra Armas y linajes de Asturias y antigüedades
del Principado, de Tirso de Avilés, se dice que esta acción del rey Juan I se recibió
en la villa con gran disgusto, exteriorizando sus vecinos su contrariedad con esta
significativa expresión: "Con mal va Noreña que, con pendón y caldera, es fecha sierva
de Iglesia".
Los nuevos señores tendrían en los sucesivos siglos continuas tensiones, no exentas de
actos violentos, con sus administrados, generalmente por cuestiones tributarias. También
los enfrentamientos entre la Iglesia y la administración civil de Asturias, tendrían uno de
sus escenarios principales en la villa de Noreña al ser lugar de refugio del prelado. Así
a principios del S.XVI, el corregidor de Asturias, Pedro Manrique de Lara, ordena arrasar el
castillo de Noreña.
Es de destacar que tras "la desamortización de jurisdicciones eclesiásticas" llevada acabo
durante el reinado de Felipe II, el condado episcopal de Noreña será el único enclave conservado
por la Mitra.
De esta singularidad se deriva que en los primeros ayuntamientos de la Edad Moderna, el
Alcalde Mayor y el Teniente de Alcalde eran designados por el episcopado cada 3 años.
En 1826, una Real Orden suprime los cotos y jurisdicciones señoriales con lo que Noreña
perdía el carácter de Ayuntamiento con que contaba bajo el señorío obispal, pasando a
pertenecer al concejo de Siero. Sin embargo en 1833, debido a que la separación administrativa
era muy arraigada, logra la independencia municipal. Hay que destacar que los obispos
continuaron ostentando el titulo de Condes de Noreña, con carácter honorífico, hasta 1954;
siendo el último conde monseñor Francisco Javier Lauzurica.
Desde el S. XVI hasta principios del XX, Noreña destaca por su industria artesanal: el
curtido de cuero y el calzado, para posteriormente tener como principal fuente económica
la industria chacinera que crece estimulada por la construcción de un matadero en 1944.
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